MEDICRÓNICAS

MEDICRÓNICAS

sábado, 26 de marzo de 2016

MEMORIAS DE ITALIA IX

MEMORIAS DE ITALIA
Edgardo Malaspina
IX
Subimos por callejuelas hasta un pequeño restaurant para almorzar. Estamos al aire libre rodeados de plantas. Todo es colorido, fresco y luminoso. Cerca, un patio con una fuente. Los compañeros de viaje le obsequian a Natalia un ramo de flores y una torta con motivo de su cumpleaños. Hacemos un brindis en medio de expresiones alegres.
No muy lejos del restaurant nos invitan a una degustación de un licor, especialidad de la isla: el limonchelo. La bodega se llama La Magia del limón. En vasitos probamos diferentes sabores frutales de varios colores  pero siempre sobre la base del limón. En los estantes hay botellas de todos los tamaños y de todas las formas posibles, como para todos los gustos.
Por un sendero estrecho y largo subimos hasta los Jardines de Augusto. A los costados se encuentran muchas villas hermosas cubiertas de ramas floridas. Hay también tiendas de dulces y refrescos, cuyas fachadas se adornan con limones gigantes  amarillos que cuelgan por todos los ventanales  de atención al público.
    Desde los Jardines de Augusto, con sus pinos y palmeras, nos arropa la brisa mediterránea.  Sentados en este balcón natural  contemplamos el atardecer  sobre los farallones con el arrobamiento conmovedor del espíritu que sólo puede producir lo romántico asociado al vértigo.
Bajamos lentamente para ver cada casa con sus muebles, pinturas y rosaledas. En un alto observo un mosaico con el rostro de Máximo Gorki, el creador del socialismo real en la literatura. Aquí vivió su exilio dorado y se curaba de la tuberculosis. Aquí escribió Relatos de Italia, una recopilación de cuentos que leí cuando era estudiante de medicina en Moscú.
 Pero a mi esposa Natalia no le cae bien Gorki. Dice que su exilio cuando Stalin gobernaba en la Unión Soviética sólo tiene una explicación: ignorar los horrores del estalinismo. Regresaba a Moscú y recibía honores del sátrapa. La gente le planteaba lo terrible de vivir bajo la mano del dictador con la esperanza de que con su autoridad y prestigio lo divulgara al mundo. Gorki sonreía, callaba y regresaba a su exilio pagado por el Coba.

De vuelta en el barco descorcho una botella de vino para brindar por mi esposa. Pepe, el amable guía napolitano, se inclina hacia Natalia y entona, en voz baja y melodiosa,  un canto italiano de cumpleaños.




sábado, 19 de marzo de 2016

MEMORIAS DE ITALIA VIII

VIII

 Mis primeras noticias sobre Capri las tuve a través de  algunos médicos famosos .Inicialmente   supe de la isla  cuando leí “Sensaciones de viaje”, del galeno y escritor modernista Manuel Díaz Rodríguez. Luego encontré “Tiberio, historia de un resentimiento”, de Gregorio Marañón. Más tarde,  con Axel Munthe, quien se convirtió en 1880, a los 23 años, en el Doctor en Medicina más joven de Europa, obtuve otras referencias. Pero antes, con Suetonio, citado en los estudios sobre la evolución darwiniana en bachillerato, también oí hablar de la isla por sus descubrimientos de fósiles muy antiguos.
 Llegamos al puerto de Marina Grande. Díaz Rodríguez subió en mula hasta la ciudad. Nosotros usamos el funicular  y los carros  pintorescos, únicos y peculiares de la isla.
 El regocijo y disfrute espiritual se inicia con la travesía marítima. El barco recorre  parajes, mientras se acerca a los farallones, arcos naturales y grutas. El azul del cielo soleado y claro, la brisa y las gaviotas son parte del magnífico paisaje. En lo alto se divisa la villa de Tiberio, quien dirigió el imperio desde ese refugio. Hay muchas versiones para explicar la elección del emperador. La más probable es que era un hombre hipocondríaco y huía de la multitud. Los defensores de la teoría humoral creían que el hipocondrio emanaba vapores que provocaban la enfermedad.
Marañón cita a Plinio, Suetonio y Tácito. Estos historiadores lo describen con úlceras y tumores en el rostro que ocultaba con emplastos. De allí su resentimiento y su temor al público. El médico español cree que Tiberio padecía de sífilis, sin descartar la lepra. Sus llagas eran curadas  por médicos egipcios con cauterizaciones que lo producían ulceras más profundas. Era el método curativo de la época recogido por Hipócrates en una de sus sentencias: “ Lo que la medicina no cura, lo cura el hierro (la cirugía), y lo que no cura el hierro, lo cura el fuego…”
 Tiberio se refugió en Capri, según Marañón, por su tendencia enfermiza a la soledad. “El hombre del continente que se encierra en la isla lo hace porque, precisamente, su alma necesita del pequeño cosmos limitado; como ciertos pájaros prefieren  el universo dorado de su jaula al vasto mundo, lleno de esfuerzos y peligros”.
A Tiberio le gustaba hacer las veces de médico, pero odiaba a estos profesionales. En las guerras atendía personalmente a los soldados heridos y se preocupaba por sus medicamentos, comida y baño. No obstante, desde muy joven decidió prescindir de los facultativos. Simplemente los odiaba. En su última enfermedad sintió dolor en un costado, fiebre y escalofrío. Tenía una pulmonía, casi seguro.  Murió poco después de negarse a que el médico Charicles le tomara el pulso.






sábado, 14 de noviembre de 2015

domingo, 17 de mayo de 2015

MEDICRÓNICAS ITALIANAS (VII)

RECUERDOS DE ITALIA, LA PATRIA DE NUESTROS ANCESTROS, CON ALGUNAS CRÓNICAS MÉDICAS.
Edgardo Malaspina
 
VII

En el Coliseo o Anfiteatro de Flavio, espacio para el ocio del pueblo romano, recorremos los pasillos  entre grandes bloques de piedra. En una de esas paredes, en su parte más alta, está dibujado un gran pene sobre un arco o fornix. Durante los espectáculos las prostitutas recibían a sus clientes bajo esas bóvedas ; y de fornix, fornicar.

 Observamos las ruinas del Coliseo: el suelo de madera, el cual se cubría de arena para los combates, está cortado especialmente para dejar ver el subsuelo, donde se alojaban las fieras. La escuela de gladiadores, llamada Ludus Magnus, estaba unida al Coliseo por un pasaje  subterráneo, a través del cual se trasladaban los combatientes hasta la arena. Me imagino a Galeno, en el siglo II, socorriendo a los gladiadores heridos. A pesar de que  Galeno hizo sus descubrimientos anatómicos y fisiológicos  en animales es muy probable que haya comprobado sus experimentos estudiando las heridas graves de sus pacientes luchadores.






 El Anfiteatro de Flavio se popularizó con el nombre de Coliseo porque muy cerca estaba una estatua gigantesca o colosal de Nerón, el emperador que temía ser envenenado y por eso agregó a la poción de Mitrídates  carne de víbora porque las mismas no mueren con su propio  veneno, suponía. Mitridatismo o resistencia  a los venenos es un término proveniente de Mitrídates IV, rey del Ponto (120-63 a.C), enemigo de Roma. Tomaba mezcla de venenos en pequeñas cantidades diariamente para obtener inmunidad y no pudieran envenenarlo. Cuando fue vencido no pudo suicidarse con veneno, método usual para evitar la humillación de la derrota. Se clavó una espada.


domingo, 10 de mayo de 2015

MEDICRÓNICAS ITALIANAS (VI)

RECUERDOS DE ITALIA, LA PATRIA DE NUESTROS ANCESTROS, CON ALGUNAS CRÓNICAS MÉDICAS.
Edgardo Malaspina
VI

  En El Vaticano, desde la Plaza de San Pedro, nos señalan las ventanas papales. Están cerradas, y eso significa la ausencia del Sumo Pontífice.




 En La Capilla Sixtina la gente recorre  su pequeño recinto  y habla en todos los idiomas. Cuando el volumen de las  conversaciones aumenta tanto que no se escucha nada, entonces uno de los vigilantes  de la Gendarmería Vaticana con su elegante vestimenta religioso-policial, pide silencio con un fuerte grito en inglés: sailen plis. Natalia y yo nos sorprendemos y no podemos evitar una sonrisa por no soltar una irrespetuosa carcajada.
 Una señora está sentada y cambia el pañal del  hijo que carga en sus brazos. Disimuladamente coloca los desechos debajo del banquillo. Lo divino y lo profano juntos; la beatería y la hipocresía dándose la mano en la más famosa y sagrada de las capillas del cristianismo, casi frente a Dios y totalmente en presencia de las magníficas  obras pictóricas de  los semidioses Miguel Ángel, Rafael y Botticelli.

Entramos a la Basílica de San Pedro  donde está enterrado el fundador de la Iglesia y primer papa. Su tumba y la  de Juan Pablo II son las más admiradas. Eso me parece.










domingo, 3 de mayo de 2015

MEDICRÓNICAS ITALINAS (V)

RECUERDOS DE ITALIA, LA PATRIA DE NUESTROS ANCESTROS, CON ALGUNAS CRÓNICAS MÉDICAS.
Edgardo Malaspina

V

  Hoy recorrimos las calles de Roma; tal vez tuvimos un orden en nuestro paseo, pero en mis recuerdos  reina el caos. Las termas de Caracalla no sólo era un espacio para la diversión, sino también una fuente para mantener la salud, cuya triada en el mundo grecorromano la conformaban la higiene, las dietas y el ejercicio físico. Los baños calientes y fríos tomados en las termas de Caracalla eran un mecanismo para fortalecer las defensas del organismo al aumentar su capacidad de adaptación. El Circo Máximo , construido en el lugar donde fueron raptadas las sabinas, recuerda las carreras de carros, pero también la forma primitiva de conformar una familia, la guerra  entre romanos y sabinos y su reconciliación, hechos que simbolizan la paz como destino final de odio entre los pueblos.
 El Palatino , legendaria morada de Remo(754 a.C),  luego residencia de Augusto y  de los reyes que le sucedieron. Augusto se hizo amigo de los médicos después que Antonio Musa  trató exitosamente sus padecimientos de reumatismo(10 d.C). Como Musa además de médico era botánico, Carlos Linneo usó su apellido para denominar a la familia de vegetales parecidos al plátano (Musa Paradisíaca).
El Foro, el templo de Hércules y la Fortuna son apenas fugaces visiones llenas de historia. La Colina del Capitolio, en cuyos terrenos se encuentra la Roca Tarpeya, alegoría del fin de los traidores: la romana Tarpeya colaboró con los sabinos en contra de su gente, siendo despreciada por ambos pueblos en pugna y arrojada desde la roca que lleva triste y vergonzantemente su nombre. El teatro de Marcelo, construido en honor de Marco  Claudio Marcelo, sobrino de Augusto, quien murió (23 a.C) con sólo 19 años de edad de una enfermedad sospechosamente parecida a un envenenamiento. Cruzamos la Vía del Corso y llegamos a la Plaza Venecia que alberga las ruinas del Ateneo de Adriano, quien en el 118 d. C liberó a los médicos del servicio militar. La Columna de Trajano, la Basílica  de San Juan de Letrán, la primer iglesia del cristianismo,los restos de la Basílica de Constantino. La leyenda afirma que enfermó de lepra y el paganismo aconsejaba bañarse en la sangre de tres mil niños, cuyas madres pidieron clemencia. San Silvestre se le apareció en un sueño y lo curó, motivo por el cual se convirtió al cristianismo.  Las murallas aurelianas para defender la ciudad de los bárbaros.





 La  tumba-pirámide de Cayo Cestio, quien la mandó a construir en tiempos de la egiptomanía que envolvió a Roma tras los escándalos de Cleopatra.